Lunes, 25 de mayo. Quedan cincuenta y seis semanas para las oposiciones de 2027 y tan solo cuatro para el 22 de junio de 2026, fecha de los exámenes de la primera parte de las oposiciones de este año. Es el inicio de la semana y, como siempre, la comenzamos con la publicación de la solución y la lista de acertantes del ¡Ponte a prueba!, el acertijo que quiere ser piedra de toque desde 2015 a las nobles y abnegadas personas que preparan la prueba del comentario de texto de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura.
Como hemos hecho tantas veces este año, el viernes avisábamos de que la obra era de un autor que ya habÃa aparecido en las oposiciones de los últimos años. En el texto habÃa además una pista clara para quien dominase el tema 64, dedicado a la novela del siglo XX anterior a la Guerra Civil. Y esa pista tenÃa que ver con el personaje al que se aludÃa, Sigüenza. Esto demuestra la importancia de memorizar, en la medida de lo posible, los nombres de los personajes de las obras, pues por esa vÃa podemos identificar los textos que nos puedan caer en el comentario.
Y, como siempre, en nuestra página de Facebook de opolengua.com nuestros seguidores han dado con la clave. Y asà nuestra amiga Cris AlrÃo señala el género y la época con acierto y nuestras amigas Eva López Santuy, MarÃa Pilar Carbonero Muñoz y Sara LF hacen pleno al indicar acertadamente la obra y su autor. Asà que, ¡enhorabuena a todas ellas y ojalá que el dÃa D tengan el mismo acierto!
Y es que, efectivamente, se trataba de un fragmento de “Un capÃtulo judicial de la historia de Españaâ€, primer capÃtulo del Libro de Sigüenza (1917), alter ego del levantino Gabriel Miró (1879-1930), encuadrado en la llamada generación del 14. Elegà este fragmento justamente por estar ambientado en unas oposiciones de principios del siglo XX.

Y nada más por hoy. Feliz semana de estudio.
La plaza de las Salesas estaba blanca y dura de escarcha; parecióle un lugar remoto, extranjero y tristÃsimo; nadie se le acercaba con efusión, a nadie conocÃa; y aquÃ, que lejos apareció un señor, bajo un paraguas, ancho, recio y pardo, un paraguas de hacendado rural de Castilla, y caballero en un jumento viejo, cansado, de corvejones peludos y llenos de cazcarrias. Lo guiaba un buen hombre que traÃa anguarina y zahones. Todo el grupo ase copiaba en la mojada tierra.
Desde el cancel comenzaron ya a mirarle muchos opositores. ¿Se atreverÃa a llegar de esa manera hasta los portales del Palacio de Justicia? Y sà que lo hizo. Apeóse en el peldaño, se quitó la manta, todo prendida de lluvia del camino como u n ramaje, dió las riendas y el paraguas al espolique, y pasó dejando su huella de agua en las viejas y solemnes losas.
Acaso adivinó en Sigüenza, un camarada de verdad y lugareño, porque entre todos lo escogió para preguntarle asustado como un chico de escuela, si habÃan comenzado ya los ejercicios. Le sosegaron las palabras del levantino; y el nuevo le dió de fumar de una petaca gorda, de cuero no curtido.
Era un hidalgo, moreno y enjuto, de pelo ya canoso y honda la mirada con un velo o apagamiento de cansancio y tristeza; bajo la falda de su sombrero, resaltaba la palidez marchita de su frente. TenÃa muy buena presencia, pero sus ropas rugosas, descuidadas, ajadas, denotaban antes al hacendado comido por el Fisco, o al comisionista de guanos, que al dado a estudios de profesión liberal o académica. ¿No serÃa padre o tÃo materno de algún opositor provinciano?
Y Sigüenza se lo pregunto. Y el nuevo, sonriéndole, le dijo que no era el padre, ni tÃo, precisamente materno de ningún opositor, sino el mismo opositor “en personaâ€, casado y con cuatro de familia.
-¿Y viene usted muy lejos?
Le repuso el otro que de Escalona, en borrico, y con un mal de ijada que no tenÃa bastante mano para sepultarse el puño en el sitio del dolor.
-¡Bien merece! -profirió Sigüenza,- ¡Bien merece usted fortuna, y que salga de aquà tan juez como yo quisiera marcharme, que también tengo en Levante un hogar con mujer y con hijas, y padres viejos, que no descansan pensando en mi vida! Y puesto que de todos somos los más lugareños y necesitados, animémonos y seamos también verdaderamente camaradas. ¡Quién sabe si algún dÃa hemos de hallarnos de magistrados, muy hondos, en la audiencia de Castellón de la Plana o de Segovia!


