Hoy es 13 de febrero de 2026. Nueva semana de intenso trabajo. Esta semana hemos hecho un nuevo vÃdeo, dedicado a los textos de tipo ensayÃstico, que en las últimas oposiciones de Lengua han tenido un gran protagonismo. Llega el fin de semana y toca repasar y descansar. Y los fines de semana se inician con un viernes y eso quiere decir que hoy es la cita con nuestro ¡Ponte a prueba!, el acertijo simpático y ameno con el que acompañamos desde 2015 a esas valientes y esforzadas personas que preparan con denuedo las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura en su más decisiva y temida prueba, la del comentario de texto.
La propuesta de la semana: otra obra ya aparecida en las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura
Hoy traemos un clásico estremecedor, una de esas obras que cautivan y conmueven profundamente a quien las lee. Ya en su tiempo la obra tuvo enorme éxito y hoy puede leerse con el mismo interés, pues se trata, como ahora veremos de una prosa de enorme fuerza. También esta obra ha aparecido en una de las últimas convocatorias de las oposiciones de Lengua y Literatura y estamos seguros de que lo volverá a hacer, por lo que dominar su trama y su galerÃa de personajes debe ser obligatoria para cualquier opositor. Como siempre en el ¡Ponte a prueba!, se trata de señalar la obra y su autorÃa (y en este caso incluso situar el fragmento dentro de la misma), aunque recordando que si eso no es posible, se puede hacer un gran comentario adscribiéndola a un género, una época y un movimiento literario de forma razonada.
¿Por qué y cómo participar en el Ponte a prueba?
La mejor forma de seguir el ¡Ponte a prueba!, es sin duda, hacaerlo a través de la página de Facebook de opolengua.com, pues es ahà donde desde el principio, en 2015, nuestros seguidores aportan su juicio argumentado por medio de sus comentario, verdadera fuente de informaciones que nos pueden servir para mejorar nuestra competencia literaria. Si quieres participar, es sencillo. Se trata de incluir un comentario respetando la única regla del reto; esto es, sin usar Internet para extraer información. Participar nos sirve para exponer pública y razonadamente nuestro juicio, con lo que nuestra implicación emocional se parecerá un punto más a la que sentiremos el dÃa D, en el examen real. Recuerda que puedes escribir tu comentario hasta el domingo por la noche en la página de Facebook de opolengua.com, y nosotros publicaremos el lunes la solución del acertijo y la lista de acertantes.
Y nada más por hoy.
Saludos y ánimo.
Allà se detuvo el insecto, y allà también Julián, con el corazón palpitante, con la vista nublada, y el espÃritu, por vez primera después de largos años, trastornado y enteramente fuera de quicio, al choque de una conmoción tan honda y extraordinaria, que él mismo no hubiera podido explicarse cómo le invadÃa, avasallándole y sacándole de su natural ser y estado, rompiendo diques, saltando vallas, venciendo obstáculos, atropellando por todo, imponiéndose con la sobrehumana potencia de los sentimientos largo tiempo comprimidos y al fin dueños absolutos del alma porque rebosan de ella, porque la inundan y sumergen. No echó de ver siquiera la ridiculez del mausoleo, construido con piedras y cal, decorado con calaveras, huesos y otros emblemas fúnebres por la inexperta mano de algún embadurnador de aldea; no necesitó deletrear la inscripción, porque sabÃa de seguro que donde se habÃa detenido la mariposa, allà descansaba Nucha, la señorita Marcelina, la santa, la vÃctima, la virgencita siempre cándida y celeste. Allà estaba, sola, abandonada, vendida, ultrajada, calumniada, con las muñecas heridas por mano brutal y el rostro marchito por la enfermedad, el terror y el dolor… Pensando en esto, la oración se interrumpió en labios de Julián, la corriente del existir retrocedió diez años, y en un transporte de los que en él eran poco frecuentes, pero súbitos e irresistibles, cayó de hinojos, abrió los brazos, besó ardientemente la pared del nicho, sollozando como niño o mujer, frotando las mejillas contra la frÃa superficie, clavando las uñas en la cal, hasta arrancarla…
Oyó risas, cuchicheos, jarana alegre, impropia del lugar y la ocasión. Se volvió y se incorporó confuso. TenÃa delante una pareja hechicera, iluminada por el sol que ya ascendÃa aproximándose a la mitad del cielo. Era el muchacho el más guapo adolescente que puede soñar la fantasÃa; y si de chiquitÃn se parecÃa al Amor antiguo, la prolongación de lÃneas que distingue a la pubertad de la infancia le daba ahora semejanza notable con los arcángeles y ángeles viajeros de los grabados bÃblicos, que unen a la lindeza femenina y a los rizados bucles asomos de graciosa severidad varonil. En cuanto a la niña, espigadita para sus once años, herÃa el corazón de Julián por el sorprendente parecido con su pobre madre a la misma edad: idénticas largas trenzas negras, idéntico rostro pálido, pero más mate, más moreno, de óvalo más puro, de ojos más luminosos y mirada más firme. ¡Vaya si conocÃa Julián a la pareja! ¡Cuántas veces la habÃa tenido en su regazo!
Sólo una circunstancia le hizo dudar de si aquellos dos muchachos encantadores eran en realidad el bastardo y la heredera legÃtima de Moscoso. Mientras el hijo de Sabel vestÃa ropa de buen paño, de hechura como entre aldeano acomodado y señorito, la hija de Nucha, cubierta con un traje de percal, asaz viejo, llevaba los zapatos tan rotos, que puede decirse que iba descalza.


