Hoy es 20 de abril. Quedan sesenta y una semanas para las oposiciones de 2027 y tan solo nueve para el 22 de junio de 2026. Pero la publicación de hoy tiene que ver, no con la fecha de los exámenes, sino con la solución de nuestro reto ¡Ponte a prueba!, el simpático acertijo con el que acompañamos desde 2015 a las nobles y valerosas personas que preparan la temida prueba del comentario de texto de las oposiciones de Lengua Castellana y Literatura.
El viernes 17 ya anunciamos que este texto pertenecÃa a una obra célebre y que ya habÃa aparecido en las oposiciones de Lengua, más en concreto lo hizo en 2014.
Y, como era de esperar, todas las aportaciones que han aparecido este fin de semana en la página de Facebook de opolengua.com han señalado con acierto la obra e incluso el pasaje. Y asà nuestra seguidora destacada Salud Serrano Heredia y Magda Lena aciertan la obra y autor y nuestra seguidora destacada Eva López Santuy y nuestras amigas Mamen Moreno y MarÃa Pilar Carbonero Muñoz, aún precisan más, indicando el tratado exacto del que hemos extraÃdo el texo. Asà que¡enhorabuena a todas ellas y ojalá que el dÃa D tengan el mismo acierto!
Y es que, efectivamente, se trataba de un fragmento del Tratado terecero de la obra fundacional de la novela picaresca, Lazarillo de Tormes (1554) de autor anónimo, aunque no le falten atribuciones de autorÃa.
Y nada más por hoy. Feliz semana de estudio.
Al fin se cumplió mi deseo y supe lo que deseaba; porque, un dÃa que habÃamos comido razonablemente y estaba algo contento, contóme su hacienda y dÃjome ser de Castilla la Vieja, y que habÃa dejado su tierra no más de por no quitar el bonete a un caballero, su vecino.
-Señor -dije yo-, si él era lo que decÃa y tenÃa más que vos, ¿no errábades en no quitárselo primero, pues decÃs que él también os lo quitaba?
-Sà es y sà tiene, y también me lo quitaba él a mÃ; mas, de cuantas veces yo se le quitaba primero, no fuera malo comedirse él alguna y ganarme por la mano.
-Paréceme, señor -le dije yo-, que en eso no mirara, mayormente con mis mayores que yo y que tienen más.
-Eres muchacho -me respondió- y no sientes las cosas de honra, en que el dÃa de hoy está todo el caudal de los hombres de bien. Pues te hago saber que yo soy, como ves, un escudero; mas ¡vótote a Dios!, si al Conde topo en la calle y no me quita muy bien quitado del todo el bonete, que otra vez que venga, me sepa yo entrar en una casa, fingiendo yo en ella algún negocio, o atravesar otra calle, si la hay, antes que llegue a mÃ, por no quitárselo. Que un hidalgo no debe a otro que a Dios y al rey nada, ni es justo, siendo hombre de bien, se descuide un punto de tener en mucho su persona. Acuérdome que un dÃa deshonré en mi tierra a un oficial y quise poner en él las manos, porque cada vez que le topaba, me decÃa: «Mantenga Dios a Vuestra Merced». «Vos, don villano ruin -le dije yo-, ¿por qué no sois bien criado? ¿Manténgaos Dios, me habéis de decir, como si fuese quienquiera?» De allà adelante, de aquà acullá, me quitaba el bonete y hablaba como debÃa.
¿Y no es buena manera de saludar un hombre a otro -dije yo- decirle que le mantenga Dios?
-¡Mira, mucho de enhoramala! -dijo él-. A los hombres de poca arte dicen eso; mas a los más altos, como yo, no les han de hablar menos de: «Beso las manos de Vuestra Merced», o por lo menos: «Bésoos, señor, las manos», si el que me habla es caballero. Y asÃ, de aquél de mi tierra que me atestaba de mantenimiento, nunca más le quise sufrir, ni sufrirÃa ni sufriré a hombre del mundo, del rey abajo, que: «Manténgaos Dios», me diga.
«Pecador de mà -dije yo-, por eso tiene tan poco cuidado de mantenerte, pues no sufres que nadie se lo ruegue».



